¿Qué tan fácil te rindes?

Qué fácil es decir "no te rindas, tu puedes". "La vida es difícil, pero sí es posible". "No te dejes caer", etc.

Lo más triste es que cuando uno siente que hizo todo lo que entendía y sabía, trató todo lo que pensaba necesario y sin embargo nada salió como esperaba, sólo queda la sensación de pérdida, impotencia y frustración.

Por más que se tenga una actitud positiva y se trate de mantener el buen ánimo, la poca respuesta a las expectativas hace más pesado el seguir intentando y poder lograr lo que se ha propuesto.

Nunca es imposible, pero constituye un reto mayor que requiere mayor resistencia y fortaleza.

Cuando uno se tambalea y piensa que ya no puede seguir, sin querer se compara y el maltrato mental lo acaba. Pensamientos como: "él sí tiene", "ella si pudo", "ellos lo hicieron", "para otros es más fácil", "su posición les ayuda", "su familia los apoya más", etc.

Las cosas se ven pesadas, difíciles, el desaliento y la frustración han sobrepasado la motivación del deseo a innovar y crear nuevas posibilidades. Lentamente la persona comienza a sentir que no puede, que no sabe y decide que quizás es mejor desistir.

Escuchan los buenos consejos que les llegan. Sin embargo, por muy bien intencionadas que sean, las opiniones que les ofrecen no logran comprender el sentir y la sensación de querer tirar la toalla, de querer rendirse.

Justo en el momento obscuro, pesado, donde las dudas se multiplican y el ánimo se desvanece, es ese momento es cuando uno tiene que repetirse: "tengo que tratar una vez más, puedo volver a intentar. Algo bueno me puede salir. NO VOY A PERDER ESTA VEZ. NO ME VOY A RENDIR".

Así, sin mayor esfuerzo que cambiar el diálogo interno, se redirigen los pensamientos y se continúa el camino, a pesar de que se sienta pesado.

Uno no es un perdedor porque se desanima, siente temor o no ve una posible salida con éxito. Tampoco es una persona que se rinde, porque tiene momentos de decepción, tristeza o enojo. Uno no es un fracasado porque ve cómo otros han triunfado y disfrutan lo que uno también quisiera tener.

No hay triunfo sin batallas perdidas. No hay éxito sin decepciones. Uno no puede hablar de lo bien que está, sin tener sensibilidad para entender el dolor de otros y recordar que no siempre es posible que todos puedan conseguir lo que quieran.

La magia de la vida no consiste en triunfar, sino en no darse por vencido. Aun cuando siente que casi todo está perdido. Las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Hay que dejarse sorprender. Vale la pena tratar.

La receta: No rendirse

Ingredientes:

  • Compasión – tener palabras nobles para uno mismo, con ánimo y con amor propio
  • Sensibilidad – consideración y empatía ante el esfuerzo y el dolor de los demás
  • Determinación – deseo y luchar con firmeza y decisión
  • Perspectiva – visión panorámica del esfuerzo y los logros del camino recorrido
  • Tiempo – paciencia, todo tiene un lugar y un momento para que las cosas sucedan

Afirmación positiva para no rendirse:

Creo en la magia de la vida. Reconozco que no todo lo que quiero se da fácil, pero no me voy a rendir. Soy responsable por el esfuerzo y la dedicación que le doy a mis proyectos. No puedo controlar los resultados que no dependen de mí. Estoy en paz con mis pensamientos. Puedo desilusionarme y aun seguir luchando. Puedo frustrarme y seguir tratando. Mis esfuerzos nunca son en vano. La vida me reta y las cosas llegarán en su debido momento.

Para no rendirse:

  1. La decepción y la frustración sólo ubican y permiten ver nuevas posibilidades. Cuando uno se toma el tiempo para reflexionar y analizar lo que no se dio como se esperaba, encuentra el espacio para entender lo que sucedió y determinar a dónde se quiere ir con la nueva información.
  2. Abrir perspectiva y agradecer lo que se tiene ayuda a no enfrascarse en el desánimo. Enfocarse sólo en las cosas que no se tienen y lo que no se ha logrado evita disfrutar y valorar lo que sí se tiene. Se pierde más cuando uno sólo se fija en lo que no tiene.
  3. Cuidado con los pensamientos negativos. Alimentar la frustración y el desánimo, conduce a la mente a querer darse por vencido sin tratar otra vez, ya que las historias que escucha están llenas de dolor y de decepción.

"Antes de rendirte, trata algo nuevo, encuentra una nueva razón para volver a tratar. No dejes que la decepción te robe la posibilidad de ser y vivir como quieres. Celebra tus logros por más insignificantes que sean".


Extraído de recetasparalavida.com

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