Después de 77 años se publicó un nuevo diario del Holocausto

Por generaciones, millones de personas en todo el mundo aprendieron sobre el Holocausto a través de las icónicas palabras que Ana Frank, una adolescente judía, escribió en su diario mientras estaba escondida de los nazis. Hace un año se publicó otro diario que ofrece a los lectores la brillante prosa y las tiernas emociones de otra jovencita judía durante el Holocausto, Renia Spiegel.

Es inevitable comparar El diario de Renia Spiegel con la obra de Ana Frank. Es una hermosa pieza literaria, un relato sobre su comunidad judía polaca y una ventana al alma sensible de Renia Spiegel. El hecho de que su diario sobreviviera y finalmente llegara a ser publicado es una valiosa lección sobre el Holocausto y el poder de la continuidad, la familia y la memoria judía.

“¿Por qué hoy decidí empezar a escribir mi diario?”, preguntó el 31 de enero de 1939 Renia Spiegel, de 15 años. “Sólo quiero un amigo. Alguien con quien pueda hablar de mis preocupaciones y alegrías diarias. Alguien que sienta lo que yo siento, que crea lo que digo y que nunca revele mis secretos. Ningún humano puede llegar a ser esta clase de amigo y por eso decidí buscar un confidente en la forma de un diario”.

En ese momento, la vida de Renia había cambiado. Su querida mamá y su hermana menor, Arianka, estaban en Varsovia, en donde Arianka desarrollaba una carrera como actriz. En esos días inocentes previos a la Segunda Guerra Mundial, Arianka apareció en varias películas y era conocida como la Shirley Temple de Polonia. Renia se fue a vivir con sus abuelos en el pueblo de Przemysl y escribió en su diario sobre sus nuevas compañeras, usando una prosa a veces emotiva y otras veces divertidísima. Su penetrante intelecto y su atención a los detalles le dan vida a su relato. A menudo acude a la poesía, escribiendo versos que expresan un entusiasmo por la vida que rebalsa de las páginas de su diario.

El 1 de setiembre, Alemania invadió Polonia y muy pronto la lucha llegó a Przemysl. El 10 de setiembre de 1939 Renia cuenta la historia a través de su brillante poesía:

Abandonamos la ciudad

como fugitivos

solos, en la noche oscura y silenciosa.

La ciudad nos despidió

Con el sonido de los edificios que se derrumbaban

la oscuridad sobre nuestra cabeza

La misericordia de las personas buenas

el abrazo de mi madre a la distancia

que ellos sean nuestra guía

nuestro consuelo y nuestro auxilio

y así superaremos

las piedras del camino,

hasta que rompa el alba y salga el sol

seremos fugitivos solitarios,

fugitivos por todos desertados

La Unión Soviética ocupó la mitad oriental de Polonia. Al principio, los judíos de esa región estuvieron relativamente a salvo de los horrores que infligieron los alemanes. Durante la mayor parte de 1940 y 1941, el diario de Renia está lleno de chismes sobre la escuela, planes para fiestas y conciertos, noticias sobre concursos y premios de la escuela. Pero la amenaza para los judíos nunca estaba demasiado lejana.

El 6 de julio de 1940, Renia describió que los soldados fueron a buscar a los judíos para enviarlos a la lejana Birobidzhán, en Siberia, un área que la Unión Soviética designó como una región judía autónoma. Ella escribió: “Un camión pasó” en la noche. “¿Venía para acá? ¿Por nosotros? ¿O por alguien más?” Renia describe a las familias judías que enviaron a Birobidzhán: “Algunas personas lloraban, la mayoría de los niños pedían pan. Les dijeron que el viaje llevaría cuatro semanas. Pobres niños, padres, ancianos. Sus ojos reflejaban un miedo demencial, desesperación, resignación”.

"Para otros me convertiré en alguien inferior, me convertiré en alguien con un brazalete blanco con una estrella azul. Seré un Jude”.

Muy pronto, la ciudad pasó de manos soviéticas a manos alemanas y las condiciones empeoraron dramáticamente. En 1941, los judíos de Przemysl tuvieron que empezar a usar brazaletes especiales. “Para ti siempre seré la misma Renia”, escribió en su diario, “pero para otros me convertiré en alguien inferior, me convertiré en alguien con un brazalete blanco con una estrella azul. Seré un Jude”.

A pesar de la guerra y del terror, el diario de Renia registra a una jovencita en pleno florecimiento. Ella dejó la escuela y comenzó a trabajar en una fábrica. Su prosa y poesía se pulen todavía más. Ahora las páginas de su diario tienen un nuevo foco: Zygmunt Schwarzer, un joven de quien Renia se enamoró perdidamente. “De repente lo amo como loca”, escribió. “Solo piensa, todo estaba a punto de quedarse dormido y hoy volvió a la vida”.

Renia y “Zyg” pasan juntos cada momento que pueden. Hablan sobre el futuro, imaginan la familia que construirían juntos. “Él me entiende muy bien, como nadie más en el mundo”. “El sol me despertó y apenas abrí los ojos pensé en ver a Z”, escribe en una conmovedora entrada. “Simplemente el pensamiento me hice sentir tan feliz que quiero verlo ahora mismo”.

El 15 de julio de 1942, el mundo de Renia y de los judíos de Przemysl, cambió para siempre. “Recuerda este día; recuérdalo bien”, escribió Renia. “Le contarás a las futuras generaciones. Desde las 8 de hoy estamos encerrados en el gueto. Ahora vivo aquí. El mundo está separado de mi y yo estoy separada del mundo. Los días son terribles y las noches no son mucho mejor. Cada día trae más víctimas y sigo rezándote a Ti, Dios Todopoderoso, para que me dejes besar a mi querida mama”.

Renia describe cómo era el gueto: “Alambre de púas alrededor, con guardias cuidando los portones… Salir del gueto sin un pase se castiga con la muerte. Adentro sólo están los nuestros, personas cercanas, queridas. Afuera hay extraños. Mi alma está muy triste. Mi corazón está embargado de terror. Así es la vida”.

Era difícil ver a Zygmunt en el gueto, pero más adelante, cuando los judíos comenzaron a ser deportados desde el gueto a los campos de exterminio, Zygmunt tramó un plan audaz plan para salvar a Renia y a otras personas. Primero intentó pagarles a los guardias para que perdonaran la vida de Renia. Cuando eso no funcionó, alentó a sus propios padres y a Renia a esconderse en un ático para evitar la deportación.

Posteriormente, también él agregó sus palabras en el diario de Renia: “Mis padres fueron afortunados de poder entrar a la ciudad. Se están escondiendo en el cementerio. Renia tuvo que dejar la fábrica. Yo tenía que encontrarle un escondite a toda costa. Estuve en la ciudad hasta las 8 de la noche. Finalmente tuve éxito”.

Además de encontrar escondites para Renia y para sus padres, Zygmunt intentó frenéticamente de arreglar escondites para otros judíos. “Estos eventos me han estremecido profundamente, pero no me han quebrado”, escribió en el diario de su amada Renia. “Tengo una tarea terriblemente difícil. Tengo que salvar a mucha gente sin tener ninguna protección para mí ni ayuda de otros. Esta carga está sólo sobre mis hombros…”

La última entrada en el diario de Renia, del 25 de julio de 1942, registra su terror al enfrentar una muerte casi segura, su amor por Zygmunt y su confianza en Dios. “Mi querido diario, mi buen y amado amigo: Pasamos juntos tiempos terribles y ahora estamos ante el peor momento. Podría tener miedo. Pero Él que no nos abandonó entonces nos ayudará también hoy. Él nos salvará. Escucha, Oh, Israel, sálvanos, ayúdanos. Me has mantenido a salvo de balas, bombas y granadas. Ayúdame a sobrevivir. ¡Ayúdanos!”.

A Zygmunt le escribió: “Mi más amado y único, se avecinan momentos demasiado terribles. Te amo con todo mi corazón. Te amo; volveremos a estar juntos. Dios, protégenos a todos y a Zygmunt y a los abuelos… Dios, me entrego en Tus manos”.

A pesar de los mejores esfuerzos de Zygmunt, los Nazis encontraron el escondite de Renia y de sus padres. Los arrastraron a la calle. La última y desgarradora entrada en el diario de Renia fue escrita por Zygmunt el 31 de julio de 1942:

“¡Tres disparos! ¡Tres vidas perdidas! Ocurrió anoche a las 10:30 pm. El destino decidió llevarse a mis seres queridos lejos de mí. Mi vida ha acabado. Lo único que puedo oír son disparos, disparos…disparos. Mi querida Renusia (Renia), el último capítulo de tu diario está completo”.

Zygmunt sobrevivió a Auschwitz y de alguna forma logró rescatar el diario de Renia. Él se fue a vivir en Nueva York, se casó y guardo el manuscrito. También la madre y la hermana menor de Renia lograron sobrevivir el Holocausto y construyeron nuevas vidas en Nueva York. Un día, Arianka (ahora conocida como Elizabeth) abrió la puerta de la casa y allí estaba Zygmunt, quien había encontrado a la hermana de Renia, su primer amor, y quería darle el diario.

“Mi madre se sorprendió por completo”, explicó Alexandra Renata Bellak, la hija de Elizabeth. El diario era demasiado doloroso para que Elizabeth lo leyera, así que lo guardó en su caja fuerte en el banco. Pero hace algunos años, Alexandra Renata decidió leer el diario. “Mi nombre es Alexandra Renata, me pusieron mi nombre por esta misteriosa mujer que nunca conocí porque fue brutalmente asesinada por los Nazis… Quería aprender sobre mi pasado, mi herencia y mi historia”, por lo que decidió traducir el diario de su tía del polaco.

El resultado es El Diario de Renia Spiegel: El testimonio de una joven en tiempos del Holocausto. En la introducción a este nuevo volumen, Deborah Lipstadt, profesora de Historia del Holocausto en la Universidad Emory, comenta que finalmente Renia Spiegel tiene una voz: “Quienes salvaron el diario y quienes trabajaron para llevarlo a imprenta la han ‘rescatado’. No pudieron salvar a Renia de su cruel destino, ni tampoco pudieron darle ese futuro que tanto deseaba, pero la han rescatado del dolor adicional de haber sido olvidada”.

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